¿Se muere el correo electrónico?

correo-eamil3

Publicamos un artículo de Fernando Bueno, el cual seguimos desde hace tiempo en el arca de la web, por su interés lo reproducimos a continuación:

Este es un tema del que se lleva hablando desde hace mucho tiempo. Yo no creo que el correo vaya a morir. Tal vez lo que suceda es que se modifiquen los canales de envío de mensajes, que haya una mutación, pero desde luego la mensajería electrónica no desaparecerá.

El correo electrónico es un fenómeno curioso. Los nativos digitales de reciente aparición, adolescentes en su mayoría, apenas saben de la existencia del correo electrónico. Cuando les pides su dirección de correo, te remiten a su nick en Facebook, en Tuenti o te dan la dirección de su Myspaces. Si acaso, te dan la dirección de su messenger, sin entender que detrás está una dirección de correo electrónico.

Esta situación es la que a muchos bloggers les lleva a concluir que el correo electrónico esté muriendo, algo a todas luces equivocado.

Tarde o temprano, los adolescentes digitales maduran y entran en el mercado laboral, donde el correo electrónico es el canal de comunicación presente y futuro por excelencia. Bueno, el correo electrónico y el fax, ese macabro invento que tanto les gusta a algunos detractores del correo electrónico, por lo que tiene de inseguro, según ellos; ya que nunca se han parado a pensar lo sencillo que es falsificar cualquier documento con un poco de Tipp-ex, unas tijeras y algo de paciencia. Todo ello gracias a la escasa calidad y resolución del sistema de fax. Ah! pero eso sí. Tienen un papelito al que otorgan el carácter de verdad absoluta y al que denominan “reporte de actividad”. Como si con el correo electrónico, no se pudiera certificar la autoría del emisor y la recepción del documento, así como su contenido. Cuestión de ignorancia, supongo.

Pero volviendo al tema planteado, se me ocurre pensar en lo que puede llegar a convertirse el correo electrónico. Por un lado tenemos toda una generación que no lo usa como tal, pero que no puede desprenderse de él. Recordemos que para acceder a cualquier servicio web, es necesario disponer de una dirección de correo y hasta acceder en determinadas ocasiones para verificar que eres quien dices ser (o al menos que tienes acceso a esa cuenta de correo). Por otro lado, tenemos a personas que viven (o vivimos) pegados al correo electrónico y que dependemos de él como un medio de comunicación rápido y eficiente. Entre medias, hay todo tipo de usos. Desde quienes reenvían todo tipo de basura que les llega hasta quienes leen su correo cada quince días. Eso sí, todos podemos disponer de un buzón donde recibir nuestra correspondencia electrónica. Ahora bien. Este buzón, es posible que sea lo que puede mutar en un futuro.

Al igual que las cuentas POP y el acceso al correo electrónico desde un cliente de correo monolítico tiende a desaparecer en favor del correo web, tal vez lo que desaparezca sea el correo tal como lo entendemos hoy y migre hacia la mensajería dentro las redes sociales que, tal vez, en un futuro no muy lejano estén entrelazadas de forma que sea posible comunicarse desde unas hacia otras. En el fondo, me da igual que cambie el medio si la funcionalidad es, cuando menos, la misma. De igual manera que no me importa que desaparezca el papel, el formato, el soporte, el libro-papel, si lo que queda es la posibilidad de continuar transmitiendo información o sentimientos al lector.

No es el soporte lo que define al libro, como no es el formato lo que define al correo electrónico. Lo que cuenta es la posibilidad de enviar y recibir información y eso siempre perdurará.

Enfadarse por Email…

enfadosemail
Reproducimos un informe escrito por Ana S. Cruzat, que nos resulta muy interesante sobre el uso del correo electrónico para comunicarnos, merece la pena dedicar unos minutos a su lectura:
“Recibimos muchos e-mails, ya no sabemos estar 24 horas sin consultar el correo y hemos entrado en una dinámica de abrir-leer-responder sin tiempo para pensar qué o cómo contestamos. Y a veces eso trae consigo malentendidos y enfados, tanto a nivel personal como profesional, especialmente cuando el correo va dirigido a varios interlocutores”.
Lo dice la consultora Mayte Rodríguez, una de las expertas que ha participado en un estudio que revela que seis de cada diez personas se han enfadado por un email.

Las palabras se las lleva el viento. Pero ¿qué ocurre con las de un correo electrónico? La respuesta es evidente. Podemos releerlo y reenviarlo a cuantas personas queramos, pero también interpretarlo a nuestra manera. Y muchas veces no damos a un mensaje el mismo sentido que quiso darle el remitente. O eso es lo que le ha ocurrido alguna vez al 63% de los receptores.

Destaca la tendencia de sustituir las llamadas telefónicas por emails, el 84% de los trabajadores lo hace.

“Cuando escribimos tenemos que ser mucho más cuidadosos que cuando hablamos porque no tenemos información extra que nos ayude a interpretar el mensaje…”

dice Pablo Claver, director general de la consultora que ha hecho el estudio, Global Estrategias/Demos Group.

Pensar para responder

Responder rápidamente, apenas sin reflexionar sobre lo que decimos, el hecho de no sentirnos intimidados por la presencia física del otro o la ausencia de comunicación no verbal que nos ayude a interpretar el mensaje son algunas de las causas de enfados y malentendidos. Los hay de todo tipo, desde la hora de una reunión o un comentario que llega junto a la petición de un informe, hasta los directamente personales.

Los correos que más molestan, aunque muchas veces no se admita públicamente, son los toques de atención de un jefe “con copia a todo el mundo”.

El objetivo del estudio era conocer el uso que hacemos del correo electrónico. Se ha hecho a través de encuestas a trabajadores de empresas de toda España. Entre las principales conclusiones destaca la tendencia de sustituir las llamadas telefónicas por emails (el 84% reconoce hacerlo a menudo aunque, en muchos casos, su interlocutor esté en la mesa de enfrente o en un departamento próximo).

La explicación más extendida para escribir en lugar de llamar es la posibilidad de poder hacerlo a cualquier hora y su eficacia a la hora de comunicarnos con varias personas a la vez.

Con copia a todos

Los correos que más molestan, aunque muchas veces el receptor no lo admita públicamente, son los toques de atención de un jefe “con copia a todo el mundo”. En esos casos:

“… aunque el trabajador no transmita su queja al remitente, sí se lo cuenta al compañero, se generan rumores y se crean conflictos. Además, un pequeño toque con buena intención se puede convertir en una gran bronca si todos responden a todos …”

Asegura Rodríguez.